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Adiós 2021 (Columna de Opinión)

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Por: Eco Urabá

Termina un año muy difícil para los colombianos y para el mundo entero, desde la llegada del nuevo Coronavirus, todo cambió y al parecer la normalidad es una utopía con la que muchos deliramos.Hay vidas apagándose, familias devastadas por el sufrimiento que ocasiona la ausencia de quien  jamás volverá, actividades económicas que sucumbieron ante la parálisis causada por los confinamientos, hay muchos comenzando de cero, yéndose en contra de los pronósticos y se necesita de gran valentía para seguir luchando en contra de la corriente, la realidad es más dura de lo que nos podemos imaginar y ante ella, hay muchos que siguen batallando, que no se rinden, que siguen creyendo en que si se puede.  

Atrás está quedando la culminación de un ciclo importante para el país, segundo año de pandemia en el que el costo de vida se ha disparado ostensiblemente sin que el ciudadano del común vea un alivio a su situación, hay menos capacidad de poder adquisitivo para los más pobres y grandes ayudas para los empresarios, todo justificado en que las empresas son el motor de la economía, pero ¿qué pasa con el obrero que necesita mejorar sus ingresos, que requiere de un auxilio para que su hijo vuelva a matricular el semestre y pueda ser un profesional?.

Es un momento coyuntural para el país. Políticamente es necesario tomar decisiones importantes que generen el cambio que tanto anhelamos, ya muchos sabemos que mientras sigan gobernando los mismos, no va a existir equidad, no va a ver oportunidad de un debate, de levantar la voz en protesta para ser escuchado, va a existir la coacción al inconforme, los calificativos de guerrilleros, de vándalos a quienes muestran su descontento.

Hay una constitución pisoteada por los doctores de la patria, una vulneración a gran escala de los derechos de muchos colombianos, de algo nos debe servir esta gran calamidad que aún nos sacude y asusta, más que un virus que se pasea sembrando horror en las almas, es la indolencia de un gobierno austero para los de a pie, indolente ante el hambre de un pueblo sin memoria, que olvida muy pronto, que se encamina a su propia destrucción, no obstante el leve despertar se propaga lentamente, el letargo va quedando atrás y esperemos que las próximas elecciones sean el punto final a décadas de injusticia social.

Ya que se ha tirado tanta piedra, se han gastado tantos zapatos, se ha derramado tanto sudor, lágrimas y sangre, es el momento de legitimar esa intención en las urnas, ratifiquemos como ciudadanos nuestro enfadado, y que mejor que hacerlo en las urnas, eligiendo el cambio, eligiendo la paz.

Esa que se vislumbra cada vez más lejos, pues la mayoría de sus actores ya no creen en ella, el proceso se quedó sin piso y quienes confiaron, hoy están siendo sepultados con sus sueños, otros, escapando al exilio o volviendo a las montañas para seguir la guerra, esa que no termina y que en su tránsito nos roba a los adultos la ilusión de un mejor país y a nuestros niños la inocencia.

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