Informativo Regional4

Como agua entre las manos(Columna de Opinión)

Por Jhon Fredy Londoño Ayala

paz ya paz ya
Imagen https://www.dw.com/

Cada vez que escucho hablar de posconflicto en Colombia, pienso en que el proceso de paz falló desde antes de su inicio precisamente por la concepción que se tiene sobre lo que en realidad es una guerra y el minimizarla hace que el plan para buscar una salida negociada, se diseñe mal. Es tratar de vestir a un niño de doce años con prendas para uno de ocho, no le van a quedar.

Más allá de las implicaciones políticas, considero que los gobiernos de turno han debido pensar primero en perfilar un plan que sea eficiente para poner punto final a más de medio siglo de horror y quizá haya una justificación técnica en la que se considere que  hablar de guerra, puede ser incendiario, no obstante, los acontecimientos soportan cómodamente ese calificativo, puesto que las motivaciones son las mismas, los actores cambian, pero la función se repite, la historia se reescribe una y otra vez, con el mismo guion.

Es urgente asumir la realidad que vive el pueblo colombiano, aceptar que un conflicto interno, hace años creció para convertirse en una guerra que se recrudece con el paso del tiempo, es urgente asumir que, como estado, como pueblo, como nación, fallamos en la búsqueda de la paz, que el posconflicto en un engaño, no existe.

La guerra en Colombia se ha librado desde muchos frentes ideológicos, por ello no es posible pensar que con compromisos bilaterales se pueda consolidar el cese de las hostilidades y en ese orden de ideas, el gobierno Santos se quedó corto al no involucrar a todos los actores alzados en armas, independientemente de su naturaleza.

Hoy estamos siendo testigos de un derramamiento de sangre horroroso, millones invertidos en propaganda, no pueden esconder la realidad, esa que nos hace pensar en que tanto más tenemos que esperar para ver un proceso incluyente, bien pensado que tenga como fin, un punto final a una de las guerras internas más antiguas del mundo.

Vale la pena reconocer que las intenciones han sido buenas, Juan Manuel Santos, hizo lo que pudo, así como en su momento Adres Pastrana, cuando en el Caguán, se quedó esperando al máximo cabecilla de las Farc, que nunca llegó. Pero se quedó a la vera del camino, en un recorrido al que le faltó acompañamiento por la comunidad internacional, faltaron garantías y muestra de ello es lo que a diario comunican los medios.

Muchos desmovilizados reclaman que se les cumpla con lo pactado, dicen estar solos, las disidencias en aumento, supone una bomba de tiempo cuyo reloj está en andas, van en procura de recuperar territorios y en ese accionar beligerante dejan una estela de muerte y destrucción a su paso, teniendo en cuenta que las confrontaciones con otros grupos armados ocasiona desplazamiento y miedo para los pobladores de las zonas más apartadas del país, en donde los beneficios de la tan anhelada paz, no han llegado.

Enarbolar banderas blancas para después teñirlas de sangre, de desespero, de miedo, de desesperanza e incredulidad, es un daño que va a costar más tiempo reparar. Quienes sufrieron desplazamiento y fueron despojados de sus tierras, están siendo asesinados y en otros casos, desplazados nuevamente y no se puede hablar de paz, cuando se re victimiza, cuando los victimarios no han dicho la verdad en su totalidad.

Es pertinente, para un acontecimiento de tan gran trascendencia como es un proceso de paz, legislar en favor de la sociedad. Trabajar en mejorar la calidad de vida de quienes mueven los engranes de la economía de la nación, para luego insertar a esa sociedad, a miles de hombre y mujeres que estaban por fuera de ese sistema social.

Espero mejores tiempos para esta amada patria, espero poder presenciar una verdadera paz, un mejor país para las nuevas generaciones, quienes no merecen vivir lo que nosotros hemos vivido. Deseo que no sea más la paz una utopía de millones, que sea una realidad tangible y duradera.  

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