Informativo Regional4

La historia de todos nosotros

Por Jhon Fredy Londoño Ayala

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Imagen Agencia EFE

La migración es uno de los fenómenos más antiquísimos en la historia de la humanidad y ha sentado a lo largo del tiempo, las bases de lo que hoy consideramos, el mundo moderno. Cuando la tierra apenas comenzaba a ser poblada, las grandes movilizaciones de seres humanos, configuraba en aquellos tiempos, ordenes de tipo social, cultural y demás aspectos propios de los seres humanos, cuyos viajes interminables en condiciones extremas ponían en peligro la permanencia del linaje y hasta nuestros tiempos se conocen pueblos nómadas, que van errantes por el mundo.

Independientemente de las razones para migrar, es claro que representaba un riesgo, muchas culturas, cuenta la historia sucumbieron ante la implacable fuerza de los elementos, en esas titánicas travesías de las que poco se sabe, incluso casi nadie cree, muchas personas perecieron, sin que quedara señal de que alguna vez existieron; son ya, razas extintas.

Mucha razón ha tenido el jurista español Antonio Garrigues, en afirmar que “La historia de la humanidad es la historia de las migraciones”. En la era actual vemos cómo habitantes del mundo se desplazan de un lugar a otro, explorando mejores condiciones de vida y Colombia fue un ejemplo claro, cuando en los años sesenta se dio un gran flujo migratorio de miles de trabajadores colombianos que seducidos por el llamado boom petrolero, viajaron a Venezuela.

El Bolívar fue una divisa muy atractiva y  cambiado a pesos en Colombia, daba un rendimiento increíble que acrecentaba el deseo de producir cada día más y todo ese delirio económico propició que los nacionales constituyeran una fuerza laboral robusta en un país que los acogió bajo condiciones que son tema de discusión, debido a que las opiniones están divididas, unos afirman haberse sentido como en casa, otros dicen que fueron discriminados por su nacionalidad y las historias son infinitas, lo cierto es que muchos amasaron fortuna se puede decir que importada de Venezuela, que desde esos tiempos para bien o para mal se convirtió en un país receptor de extranjeros y se consolidaba como un destino importante en Latinoamérica.

Sin entrar en juicios de tipo político, la historia si es muy clara en develar la decadencia de una economía mal administrada, que estalla en una de las crisis más profundas jamás vividas por el pueblo venezolano, que comenzó a irse del país dejando todo atrás. Los más ricos iniciaron el éxodo, temiendo la expropiación de sus bienes, se desplazaban por todos los países del mundo, estos salían en aviones, de ahí en adelante se desencadenaba una salida masiva de familias de clase media como consecuencia del despido masivo de dieciocho mil empleados de Pdvesa.

El cierre a medios de comunicación y la represión a sectores políticos de la oposición, dejaba al descubierto grandes problemas de un gobierno que perdía favorabilidad muy rápido, gracias a la hiperinflación que provocara desabastecimiento en productos básicos de la canasta familiar. Hasta los billetes desaparecieron del comercio, las transacciones electrónicas increíblemente marcaron una era de incertidumbre que se intentó mitigar con la modificación de la moneda, que en realidad empeoraría la situación, los billetes de cincuenta y cien, parecían hojas arrebatadas por el viento, rodaban por las calles sin que nadie quisiera mirarlos.

La gran diáspora de venezolanos, fue esa que salió en bus, y de otros muchos que sin recursos tuvieron que salir a pie, a  cualquier parte del continente, llevando consigo una esperanza de llegar algún lado, dejando seres queridos sin la seguridad de volverlos  a verlos. Puede parecer exagerada la expresión, pero la sociedad se desquebrajaba, profesionales, campesinos, todos parecían alcanzados por el mismo mal, que los arrastraba a una marcha despiadada.

En el páramo de Berlín, una pareja no soportó las bajas temperaturas y lego de una larga lucha murió, dejando en total orfandad a su hijo de siete años, que tuvo que ser adoptado por unos conocidos, compañero de viaje. El hito de los caminantes se mantiene, ya no con el mismo acompañamiento de la presa, puesto que ya no es una novedad, a pesar que si es un problema humanitario que va creciendo, con lo que también ha significado la actual situación sanitaria y el reciente éxodo de haitianos, cubanos, pilipinos que han hecho de Colombia un paso necesario en ese recorrido en busca del sueño americano.

La historia que se repite, en sentido contrario entre dos naciones ligadas por un mismo sueño de libertad, se vive en circunstancias nada parecidas. No hay bonanza en Colombia, la desigualdad y la corrupción, hace de este país, un lugar de muy escasas oportunidades.

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