Informativo Regional4

Pequeños medios con grandes retos

Por Jhon Fredy Londoño Ayala

Imagen Sergio Belena Imagen Sergio Belena
Imagen Sergio Beleña

La libertad de prensa y el periodismo no son grandes aliados como muchos quisiéramos y es una paradoja que la promulgación de un derecho propio de quienes ejercen el difícil oficio de comunicar, sea solo una utopía. En Latinoamérica ha sido notorio el atropello en el que se han visto involucrados medios con independencia editorial que juegan un papel importante dentro del desarrollo de la democracia, esa que nos invita a participar, construir y debatir desde la diversidad de pensamiento, que son callados mediante la censura, asfixiados en sus pautas y luego de manera irremediable cerrados porque financieramente ya no son viables y a pesar que el discurso en las plazas en medio de la euforia de las campañas políticas siga siendo inmaculado, la realidad es diferente y parece ser que la verdad no es cómoda para ciertos líderes de esta América grande y pequeña a la vez.

La historia reciente de Colombia aun causa escalofríos, las décadas de los ochentas y noventas fueron trágicas para muchos periodistas, algunos fueron asesinados, otros sometidos a encierro en sus domicilios, otros condenados al exilio por el poder despiadado del narcotráfico que se alimentaba de la fragilidad de un estado incapaz de poner limites a su accionar beligerante y atroz que asustaba a quienes desde las salas de redacción intentaban sobreponerse al miedo y seguir en una lucha que parecía no tener  sentido alguno y aunque no ha cesado la horrible noche la pelea se mantiene, desde la academia surgen grandes pensadores, críticos, hombres convencidos de que nada está bien, es un germen de inconformidad que se prolifera no con la velocidad requerida en este caso, pero que va en andas, así como los días que sobrevienen cargados de herramientas que mejoran el ejercicio de una profesión que en realidad parece más un oficio y que tiene un nuevo enemigo, que si bien  no usa los mismos métodos del que dejaba una estela de sangre a su paso, si es  semejante en su implacable deseo  de acabar con quien ose suscitar opiniones que vayan en contra de los intereses de unos cuantos.

Los grandes medios de divulgación de información en Colombia, están al servicio de la desinformación mediante la distracción a una audiencia en letargo, ávida del titular rojo, de los comunicados de prensa emanados de los escribanos de palacio, de la inmediatez así carezca de veracidad, esa que tanto hace falta por estos tiempos de tan desaforada convulsión política en los que verdaderos medios de comunicación se sostienen gracias al tesón e ingenio de sus creadores que sueñan con abrirse camino en una competencia desmedida con las grandes agencias que teniendo a la mano, recursos a montón, no poseen el mayor activo que es la verdad que se genera de la independencia. Son los más pequeños los que dan ejemplo y puede parecer una misión imposible, trabajar con salarios irrisorios en medios que medianamente se sostienen, que son sometidos a los estrados judiciales por calumniadores, cuando se ocupan del trabajo que es competencia de entes investigadores.

Ya hoy se habla de emprendimiento periodístico, de medios digitales emergentes en las regiones y en las grandes ciudades, de periodismo comunitario, independiente, de talleres que son herramientas para promover la profundización en temas de trascendencia para la sociedad, haciendo así claridad de un modelo de trabajo revolucionario que propone grandes cambios, los cuales ya se vislumbran. El buen periodismo debe ser independiente pero responsable, profundo y al tiempo eficiente, sin el delirio de la premura que conlleva a perder claridad y el respeto por quienes hacen parte de la noticia y de aquellos se convierten en espectadores de ella.

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