Informativo Regional4

Lo que el Covid se llevó

Por Jhon Fredy Londoño Ayala 

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Imagen tomada de internet

Después de casi año y medio de pandemia, la vida no ha vuelto a ser la misma tal como la concebíamos antes de la llegada del nuevo Coronavirus. Los seres humanos nos vimos en la obligación de encerrarnos, creo que de algún modo aprendimos a tenerle miedo a las calles, pues en ellas un enemigo comenzaba a asecharnos sin que  pudiéramos verlo.

El reloj parecía   detenerse  ante un acontecimiento que captaba la atención de las agencias de noticias de todo el mundo. Con las primeras restricciones y confinamientos obligatorios, los lugares más emblemáticos de la tierra vaticinaban un panorama de desolación, las imágenes no tenían  sentido, las grandes urbes solitarias  con sus imponentes rascacielos parecían escenas de una película de terror, producto de la imaginación de algún guionista de Hollywood; pero era la realidad y entrábamos en uno de los episodios más oscuros de la historia reciente de la humanidad.

Cada caso positivo de Covid, tenía un seguimiento extraordinario, hasta que las cifras que en realidad eran vidas humanas comprometidas,  comenzaban a crecer de manera exponencial, después de algunas semanas la rigurosidad se fue perdiendo, el virus se expandía ante la mirada impotente de los líderes mundiales que también se vieron en la necesidad de refugiarse en sus palacios sin saber cómo resolver el asunto.

Hoy con los sentidos un poco más acostumbrados a la fealdad  sanitaria producto del Covid, recuerdo con nostalgia a todas aquellas personas que ya hoy no están, amigos de la infancia, compañeros de estudio, maestros, guías espirituales, vecinos,  pienso en lo duro que ha sido para sus familias esa pérdida repentina en  la que no hubo lugar siquiera para un duelo, para llorar junto a un cuerpo dentro de un cofre, pienso en los niños que extrañan a sus padres, en los padres que ya no verán más a esos hijos, en las casas vacías, porque toda la familia dejó de existir.

Unos se han ido, otros nos hemos quedado, no se sabe hasta cuándo,  para luchar aferrados a lograr la llamada inmunidad de rebaño con unos biológicos que parecen ir amainando un poco esta tormenta, que aun  arrecia; pero  ya con menos fuerza, permitiendo esa luz de esperanza muy al final del túnel y devolviendo a los seres humanos lentamente a sus actividades habituales, con el sinsabor que produce el despertar de un mal sueño, con la conciencia de que todo es real y todavía no termina.

Muchos  afirman que esta pandemia ha sido un aprendizaje, que tuvimos que recurrir a métodos muy rudimentarios para salvar la vida y muchos hemos comprendido que quizá tenemos más de lo que merecemos, que le debemos más a nuestro planeta, a nuestros semejantes más de lo que podemos pensar, que en definitiva podemos solo llegar a ser guarismos  en una tabla.

En un futuro habrá mucho para contar a las nuevas generaciones, seremos sobrevivientes a una pandemia mundial que socavó la vida, que la diezmó de una manera despiadada, seremos como navegantes de siete mares, héroes de verdad.

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